Este sábado se cumplen 20 años del atentado terorrista a las Torres Gemelas, también conocido como World Trade Center, donde murieron 2753 personas. Miembros de Al Qaeda secuestraron aviones Boeing 767 de pasajeros y los estrellaron contra las torres.

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Pero esa mañana, entre las víctimas, se encontraban cinco argentinos. Entre todas las víctimas de aquel fatídico 11 de septiembre de 2001, Pedro Grehan, Sergio Villanueva, Guillermo Alejandro Chalcoff, Gabriela Waisman y Mario Santoro fueron los compatriotas que perdieron la vida.

Pedro Grehan

Pedro Grehan era uno de ellos, y estaba en su oficina de la Torre Norte, en el piso 105, y quedó por encima de la fisura: el vuelo 11 de American Airlines fue estrellado entre los pisos 93 y 99.

Sus hijos se enteraron en el último tiempo que no serán beneficiados por el juicio de respaldo a familiares de víctimas del 11S debido a que su padre no era ciudadano estadounidense.

Foto: La Nación.

El fallecido había intentado llevar a su familia a Nueva York para empezar una nueva vida en 1997, pero después de tres años quedó solo en la Gran Manzana. Sin embargo, un mes antes de la tragedia, sus hijos viajaron con él y se instalaron en suelo estadounidense.

“Entra una profesora y le dice algo en secreto a mi maestra, que se larga a llorar y nos cuenta que un avión había chocado las Torres Gemelas”, relató Camila Grehan a La Nación, quien en ese momento iniciaba las clases en Estados Unidos con 9 años. Aseguró que entró “en un bloqueo y no quería entender” lo que estaba sucediendo.

“Después de ver la caída de la segunda torre, entendimos la gravedad de lo sucedido y nos empezamos a organizar para viajar a Estados Unidos”, comentó John, hermano del difunto.

Sergio Villanueva

Sergio Villanueva, bombero argentino, se hizo presente en el lugar de los atentados para luchar contra el fuego junto a otros cinco colegas. Sin embargo, estiman que falleció cuando la Torre Sur fue atravesada por el vuelo 175 de American Airlines, impactando entre los pisos 77 y 85.

Si bien nunca se encontró su ADN entre los escombros y nunca se lo confirmaron oficialmente, su esposa Tanya supo cuál fue el fatídico destino del bombero. “Es que es muy doloroso pensar que, durante todos estos años, sus restos no fueron reconocidos por el hecho de tener un tamaño diminuto”, explicó la viuda en La Nación.

Foto: La Nación.

Nacido en Bahía Blanca, Villanueva vivía desde los dos años en Nueva York, en una apuesta de sus padres por una mejor calidad de vida. Antes de los 20 años, conoció a Tanya y dos días después del atentado iban a firmar el contrato con los organizadores de su casamiento.

Los planes cambiaron y el destino y el deber llamó a este bombero, que nunca pudo regresar con su familia. Se habían comprometido tres meses antes de los atentados tras estar en pareja por siete años y convivir en seis de ellos.

Guillermo Alejandro Chalcoff

Guillermo Alejandro Chalcoff entró en la lista de argentinos fallecidos durante el atentado del 11-S años después del hecho, por su condición de ciudadano estadounidense.

Tenía 41 años y se había mudado a Nueva York junto a su mujer a mediados de los ’80. El primer avión impactó de lleno en los pisos de Marsh & McLennan, la consultora para la que trabajaba. Ninguno de los 358 empleados y contratados pudo sobrevivir.

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Este hombre, que trabajaba como desarrollador de sistemas, tenía dos hijos de siete y nueva años, Brian y Eric.

“Empezar pensando que fue un accidente; después, un atentado, y, por último, entender que lo mataron. Es una tragedia, un impacto muy fuerte, asimilar que lo mataron”, contó su hermana Mariana en diálogo con La Nación.

La arquitecta argentina destacó el acompañamiento que recibió de parte del gobierno estadounidense, haciendo énfasis en el memorial que se encuentra donde estaban las Torres: “Sana poder dar un lugar a los muertos, una presencia en la ausencia. Hay reconocimiento por parte del Estado y estando allá, de visita, sentí una contención muy fuerte”,

Gabriela Waisman

Gabriela Waisman estaba de visita en el piso 106 de la Torre Norte, solo un piso por encima de Pedro Grehan, otra de las víctimas argentinas. Oriunda de Caballito, trabajaba en Sybase, una empresa de software, y se preparaba para una presentación.

Foto: La Nación.

Una vez que se desataron las explosiones, trascendió que pudo comunicarse con su familia. Pero una vez que el reloj pasó las 9 de la mañana y el incendio parecía incontenible, no se supo más nada de ella. Tenía 33 años y llevaba 24 viviendo en Nueva York.

Mario Santoro

Mario Santoro vivía en Estados Unidos desde muy chico con sus padres y su hermano. Tenía 28 años y una hija, en ese entonces de dos años. Este paramédico rosarino estaba de franco, pero el humo negro se veía desde la ventana de su casa. “Me voy para allá, me van a necesitar”, dijo. Nunca más pudo volver.

Foto: La Nación.