José Luis estudiaba en Tucumán y pasaba los veranos en Formosa, donde se habían mudado sus padres, y en una de sus salidas a bailar en el boliche El Gran Caimán de Asunción del Paraguay se encontró con Verónica para unir sus vidas al ritmo de la música de Córdoba.

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Así nació esta pareja y esta familia que hoy vive en Concepción del Tucumán a 65 kilómetros de San Miguel, en un hogar en el que la música de cuarteto es protagonista en cada reunión en la que se arma el karaoke, según nos cuenta José Luis Mengacini, a través del Whatsapp.

“En Tucumán se escucha cuarteto de toda la vida, prácticamente uno se crió escuchando cuarteto”, revela y comienza a recordar el instante mismo en que se cruzaron su vida y la de Verónica, nacida en Ciudad del Este y radicada en Asunción.

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Previamente, relata que siendo él un adolescente su familia se mudó a Clorinda pero no se acostumbró y se quedó en el Jardín de la República con unas tías a terminar la secundaria y luego arrancar la universidad, dejando todo para pasar los meses de vacaciones en lo de los padres.

“Por el año 2000 yo estudiaba profesorado de Geografía en la Universidad acá en la provincia de Tucumán y mis viejos vivían en Clorinda, Formosa, y decidí irme unos días a la casa de ellos”, dice sobre el inicio de esta historia.

Con memoria exacta, recuerda que ese viaje “fue al poquito tiempo después de que murió Rodrigo, en agosto de 2000”, señala sobre el artista cordobés fallecido el 24 de junio de 2000, en una autopista de la provincia de Buenos Aires.

Luego destaca que no le costó conseguir un socio para aventurarse a cruzar al país vecino en esas noches juveniles: “Tenía amigos ahí porque fui todos los veranos de mi infancia y con uno de ellos nos aventuramos a ir a Asunción, Paraguay... ya teníamos 20 años”, indica.

Y llegó el momento mágico en el que en la esquina de Aviadores del Chaco y Madame Linch, un tucumano y una paraguaya entrelazaron las manos al ritmo del cuarteto cordobés: “No era un baile de cuarteto, en realidad, era un boliche”, aclara y resalta que “en Paraguay se escuchaba todo tipo de música y se escuchaba mucho a Rodrigo y Walter Olmos”.

“Allí bailé con la que hoy es mi señora, que poco conocía de cuarteto pero yo le enseñé a bailar, porque en Tucumán se baila y se escucha mucho cuarteto, no sé si como en Córdoba pero mucho”, relata a continuación.

Tras esa primera vez, los encuentros se fueron sucediendo y la música de Córdoba seguía presente: “Yo le contaba mucho del cuarteto, nos fuimos encontrando los fines de semana hasta que nos pusimos de novio y poco tiempo después quedó embarazada”.

“Estuvimos con las idas y venidas y ya se vino a vivir a Tucumán, con nuestro hijo, y desde entonces que somos fanáticos del cuarteto”, comenta.

A dos décadas, la casa de Jose Luis, Verónica y su hijo Juan José sigue llena de vida y de música de cuarteto de antes y de ahora: “Nos encanta el karaoke y siempre cantamos canciones de Dale Q’Va, Q´Lokura o La Konga”, cuenta y resalta que siguen presentes las mismas emociones de aquella vez que bailaron Lo mejor del amor porque “cuando escuchamos temas de Rodrigo nos hace acordar a cuando nos conocimos, en ese boliche El Gran Caimán de Asunción del Paraguay”, concluye.