Celina Serrano como muchas personas sufrió el encierro durante la etapa más dura de la pandemia, pero no se dejó vencer y decidió hacerle frente al aislamiento cocinando, pero en vez de vender se dedicó a enseñarle a otros a cocinar para que puedan emprender.

Sin buscar nada a cambio, Celina que es de Florencio Varela, logró crear una comunidad de 23 mil personas y charló con VíaPaís sobre cómo surgió Pastelando By Celi Serrano.

Celina trabajó durante mucho tiempo en un estudio contable y lo dejó para dedicarse de lleno a la maternidad. Tiene dos hijos: Wendy de seis años y Mateo de cuatro. Su marido es policía y durante la pandemia estuvo trabajando mucho tiempo fuera de casa.

Este no fue un momento fácil para ella: “Cuando empezó la cuarentena me agarró una especie de bajón, no encontraba ni un momento ni un espacio para mi y dije ‘No me levanto más de la cama’”, recuerda Celina.

Pastelando empezó como un emprendimiento para hacerle frente a la pandemia, pero en lugar de vender, Celina se dedicó a enseñar a cocinar. Foto: Facebook

Como tantas otras personas buscó una forma de sobrellevar esta situación: se puso un delantal, agarró la batidora y decidió cocinar. No lo hizo desde cero, previamente había estudiado pastelería básica, pura y exclusivamente, para hacer las tortas de cumpleaños de sus hijos. Un deseo que le había sido transmitido por su propia madre.

Fue así como un día decidió subir a Facebook un video preparando un bizcochuelo. Una chica de Jujuy le mandó un mensaje para pedirle que le enseñe a cocinar porque se había quedado sin trabajo: así fue como un mensaje se convirtió en una comunidad de 23 mil integrantes.

Con una pequeña ayuda de los amigos

“En ese momento le dije a mi marido que podía enseñarle algo a la gente, algo para levantar a aquellos que como yo, se estaban quedando abajo. Agarré el celular, preparé mi cocina y mi primer vivo en Facebook tuvo más de 100 personas. Mi marido me ayudaba con la cámara y me leía los mensajes. Antes de que termine el vivo me preguntaron: ¿Qué hacemos la próxima? No, no hay próxima. Tengo dos hijos chiquitos y no puedo”, comenta.

Pero muchas veces, para concretar deseos, se necesita un poquito de ayuda: los amigos de Celina se ofrecieron a cuidar de sus hijos una hora para que ella pueda regalarle a la gente la oportunidad de aprender algo de cocina una vez por semana. Su objetivo era ayudar a aquellos que estaban sin trabajo para que puedan aprender y vender o también mimar a la familia.

La pandemia no la freno y usó la cocina para salir adelante

“Díganme que tienen en la casa. Harina. Entonces hagamos bizcochitos”. Le fuimos buscando la vuelta y se armó una comunidad pastelera social que terminó haciendo ruido. Entre todos ayudamos a gente de otros países, como Venezuela, que tenían problemas para conseguir materia prima. Fuimos reemplazando los ingredientes para que todos pudieran cocinar”, explica Celina.

“Si nos bajoneamos estamos en el horno. Entonces lo que tenemos que hacer, es usar el horno y empezar a cocinar”, dice Celina. Foto: Facebook

Así se fue armando una pequeña gran comunidad, sus alumnos se hacen llamar “tasmañas”. “Hubo una conexión con la gente desde el minuto uno. Algunos se sumaron para aprender y otros para emprender y siento que entendieron mi mensaje: Si nos bajoneamos estamos en el horno. Entonces lo que tenemos que hacer, es usar el horno y empezar a cocinar”, reflexiona.

El objetivo de Celina no era ganar dinero, sino hacer algo para ayudar a los demás. “Pude haber ganado mucho, pero yo quería estar del otro lado ayudando a la gente. Ellos dicen que yo hice mucho por ellos, pero fueron ellos los que me ayudaron a mí”, afirma Celina. Ella aspiró a que su iniciativa se volviera cada vez más social y empática. El primer taller pago que realizó tuvo como fin recaudar dinero para un niño que tenía leucemia.

Celina busca impulsar a las madres a luchar por sus sueños

Celina se convirtió en un ejemplo de que con poco se puede hacer mucho. Empezó a hacer algo para “salir del bajón”, muy familiar, de “entre casa”, con un celular y una cocina. Sobre todo fue el deseo de una mujer de tener su espacio personal mientras cuidaba de sus dos hijos. Wendy y Mateo empezaron a comprenderla y a integrarse en el mundo culinario que les proponía su madre.

Celina empezó a enseñar pastelería a través de vivos de Facebook. Hoy su comunidad tiene más de 23 mil integrantes. Foto: Facebook

“Pastelando By Celi es un incentivo para las mamás quienes también necesitamos estar tranquilas por nosotras y por nuestros hijos. Ellos no son un impedimento para que podamos hacer lo que queremos, lo que nos haga feliz. Tenemos que incluirlos. Si cocinamos con masa, los chicos pueden jugar con ella. Mi hijo Mateo por ejemplo es fanático de la pastelería” dice Celina. Y finaliza con un claro mensaje para las madres: “Nosotras podemos hacerlo todo. Hay que tomar la decisión y comenzar a emprender”.