Sufrir la pérdida de un padre duele, mucho más cuando se trata del fallecimiento dos en menos de un mes. Sufrir la pérdida de un hijo es impensable y fue lo que le tocó vivir a Rocio Barberá en el 2021. En el mismo año perdió a sus dos padres por covid-19 y a su hijo por un parálisis cerebral. A pesar de su dolor, decidió honrarlos y recibirse de profesora.

“Lo hice por ellos”, fueron las palabras de la joven de 32 años al pensar en su esfuerzo. Realmente le tocó vivir la peor pesadilla de cualquier persona durante el 2021 y aún así logró terminar el año recibiéndose de profesora de Matemáticas en el Instituto de Educación Superior de Maipú.

La pesadilla que vivió Rocio

2021 comenzó siendo un año como cualquier otro hasta que el 19 de abril, su mamá Adriana quedó internada luego de contraer el coronavirus en la segunda ola de contagios. Falleció al mes de haber estado en el hospital. Tan solo unos días más tarde partió su papá, también víctima del covid-19.

Para algunas personas, perder a los dos padres en tan poco tiempo es un dolor del que uno no se puede recuperar, pero Roció tuvo que seguir luchándola. El 11 de noviembre falleció su hijo Valentino de 12 años, que sufría un daño cerebral desde su nacimiento.

“De vivir con ellos tres, que eran mi razón de existir, quedé sola. Fueron tres golpes muy duros, difíciles de sobrellevar: sentí que ya no tenía por quién seguir luchando”, expresó Rocío a Los Andes.

Pero aún en medio del dolor, la joven decidió levantarse y volver a la carrera que había dejado hace un tiempo atrás para dedicarse a su hijo. Realmente no le quedaban muchas materias, ya que el 17 de diciembre rindió la última y pudo decir que lo logró.

“Siempre había soñado con salir del examen y abrazar a mis padres, agradecerles y darles la alegría de la meta cumplida. Ellos fueron pilares fundamentales para que pudiera criar a Valentino, que sufría múltiples dificultades. No se me dio, pero en cambio estuvieron mis hermanos, sobrinos y amigos de fierro que supieron apoyarme desde el primer momento”, reflexiona.

Una vida de obstáculos y de superación

Rocío junto a su mamá, papá y su hijo Valentino.

Realmente, la vida de Rocío no fue sencilla. Valentino nació con encefalopatía crónica no evolutiva, producto de una mala praxis. Al nacer le habían dado tan solo 5 años de vida, sin la posibilidad de escuchar o hacerse entender.

Fue en ese momento que Roció decidió abandonar su carrera para cuidar de su hijo. Con el tiempo retomó el profesado, con ganas de terminar. Fue producto de mucho sacrificio y ayuda de sus padres.

Cuando llegó la pandemia, recuerda haber estado media mal anímicamente pero agradecida por tener a su familia sana y una casa para poder atravesar el aislamiento. Pero, el 2021 cambió todo el panorama de su vida.

“Mi mamá estaba llena de temor al contagio pese a que era una mujer joven, de 64 años. El proceso fue difícil y aún mucho más cuando cayó enfermo también mi papá. El deterioro y la involución se dieron sin prisa ni pausa pese a todos los esfuerzos del personal de la clínica, que estuvieron presentes en todo momento desde lo humano y lo profesional”, recuerda.

Luego de la muerte de sus padres, decidió que debía seguir por su hijo. Sin embargo, al tiempo quedó completamente sola. “Me di cuenta de que debía levantarme solo por mí. Era la única responsable de mi destino”, confesó.

Y fue así. En medio del duelo por sus padres e hijo, decidió cumplir con lo que le había quedado pendiente en su vida y finalmente recibirse. Hoy decide seguir adelante y mirar a su vida desde el optimismo: “Sigo mirando al futuro en honor a mis padres que me dieron la vida y a mi hijo que me regaló 12 hermosos años”.